En un hotel viejo de Londres, existía una habitación muy especial, tenebrosa y extraña. Se encontraba en el tercer piso, al fondo del pasillo luego de subir unas extensas escaleras con una alfombra roja ya percudida por el uso. Esta tiene una puerta labrada, con muchos detalles en la madera oscura. La habitación era mencionada por tener una misteriosa y secreta presencia.
Un día de primavera en Londres, una pareja llegó al hotel y querían una habitación grande y cómoda para ellos. Todas las habitaciones estaban ocupadas, ya que el hotel estaba en plena temporada.
Solo quedaba la habitación extraña, ellos no dudaron. Tomaron las llaves y subieron esas largas escaleras hasta el tercer piso. Su habitación era la 310. Nunca nadie quiso ese dormitorio. Nosotros no tenemos miedo a los muertos y menos a los espíritus que rondan en la vida terrenal. Se detuvieron a mirar esa hermosa puerta labrada en madera oscura. Abrieron la puerta y no encontraron nada raro. Dejaron sus objetos y se fueron a desayunar.
Después de varias horas, regresaron a su dormitorio. Se encontraron que sus pertenecías estaban todas desordenadas, tiradas en el piso y fuera de sus valijas. No le dieron importancia esta vez. Ordenaron sus cosas y se fueron a caminar por el rio, el cuál presentaba colores verdes oscuros y mucha gente caminando por sus cercanías. Espacios muy lindos para sacar fotografías. Luego de unas horas, decidieron regresar al hotel, pidieron la llave de su habitación y subieron esas interminables escaleras rojas. Atraviesan la puerta de madera labrada y nuevamente sus objetos se encontraban en el piso. No tenían miedo, solo estaban sorprendidos. Esta vez sí fueron a buscar a Jaime, el conserje del hotel para que les diera una respuesta. Al principio no lo encontraban, fueron atrás del mostrador y traspasaron la puerta. Él estaba allí tranquilo, revisando unos papeles.
– Nuestros objetos no están como los dejamos, ya es la segunda vez que sucede-. El hombre, callado, no dijo una palabra. Sin ninguna explicación, volvieron al dormitorio. Ellos no entendían que era lo que sucedía, por lo que subieron nuevamente a la extraña habitación. Revisaron cada rincón del dormitorio. Al llegar al mueble grande, lo abren y encuentran una puerta secundaria que los lleva a un túnel detrás de las paredes. Sin miedo traspasan esa puerta pequeña. El espacio era pequeño y sucio. Ven que al final del túnel hay una puerta, entran y ven una habitación. La decoración antigua correspondía a la de un niño. Parecía que alguien estuvo viviendo ahí. No había ninguna persona o niño. Encontraron una fotografía de un niño donde en sus ojos se podía ver tristeza y dolor. Regresaron a su cuarto. La pareja, tuvo curiosidad por la existencia de ese cuarto secundario que se unía con el de ellos.
Al día siguiente, luego de desayunar, escucharon unos ruidos extraños que provenian de las paredes. No tardaron en volver a ese pasillo oscuro, un lugar silencioso, donde se podían escuchar sus respiraciones agitadas, al poder encontrar algo del otro lado de la puerta. Abrieron despacio y finalmente encontraron a un niño, casi no podían ver nada, estaba demasiado oscuro, sin ventanas. Él estaba jugando con unos cubos de madera. Encontraron la perilla de la luz y la encendieron. El niño salió corriendo debajo de la cama para esconderse. Sofía se quedó con él y Fermín bajo a buscar a alguien del personal del hotel.
Fermín rápidamente bajo esas extensas escaleras y buscó a Jaime. Lo encontró en la puerta detrás de recepción, nuevamente leyendo libros de contaduría del hotel. Fermín le anuncia que encontraron a un niño en una habitación contigua a la suya. Sorprendido Jaime subió con él. Apaguen las luces y déjenlo solo. Sofía no se quedó tranquila. ¿Qué hace un niño solo encerrado en un cuarto sin luz? – ella preguntó. El niño es travieso y se escapa.
A Jaime no le quedó otra opción que contarles lo que sucedía. El niño es fotosensible, sufre de sensibilidad a la luz. No puede salir de ese espacio, es justo lo que el necesita. Él vivía junto con su madre. Ella falleció hace dos meses y Juan sigue siendo cuidado por su padre, el cual nunca les mencionó quien era.
Finalmente descubrieron que no era una fantasma o un espíritu que asechaba la habitación 310. Sino que era un niño travieso y aburrido y que de vez en cuando salía de su cuarto cuando era de noche y cuando las luces no abundaban. Iguale le gustaba asustar a la gente. La feliz pareja entendieron de su asunto con la luz y durante su estadía lo visitaban para jugar y cantar.
Solo quedaba la habitación extraña, ellos no dudaron. Tomaron las llaves y subieron esas largas escaleras hasta el tercer piso. Su habitación era la 310. Nunca nadie quiso ese dormitorio. Nosotros no tenemos miedo a los muertos y menos a los espíritus que rondan en la vida terrenal. Se detuvieron a mirar esa hermosa puerta labrada en madera oscura. Abrieron la puerta y no encontraron nada raro. Dejaron sus objetos y se fueron a desayunar.
Después de varias horas, regresaron a su dormitorio. Se encontraron que sus pertenecías estaban todas desordenadas, tiradas en el piso y fuera de sus valijas. No le dieron importancia esta vez. Ordenaron sus cosas y se fueron a caminar por el rio, el cuál presentaba colores verdes oscuros y mucha gente caminando por sus cercanías. Espacios muy lindos para sacar fotografías. Luego de unas horas, decidieron regresar al hotel, pidieron la llave de su habitación y subieron esas interminables escaleras rojas. Atraviesan la puerta de madera labrada y nuevamente sus objetos se encontraban en el piso. No tenían miedo, solo estaban sorprendidos. Esta vez sí fueron a buscar a Jaime, el conserje del hotel para que les diera una respuesta. Al principio no lo encontraban, fueron atrás del mostrador y traspasaron la puerta. Él estaba allí tranquilo, revisando unos papeles.
– Nuestros objetos no están como los dejamos, ya es la segunda vez que sucede-. El hombre, callado, no dijo una palabra. Sin ninguna explicación, volvieron al dormitorio. Ellos no entendían que era lo que sucedía, por lo que subieron nuevamente a la extraña habitación. Revisaron cada rincón del dormitorio. Al llegar al mueble grande, lo abren y encuentran una puerta secundaria que los lleva a un túnel detrás de las paredes. Sin miedo traspasan esa puerta pequeña. El espacio era pequeño y sucio. Ven que al final del túnel hay una puerta, entran y ven una habitación. La decoración antigua correspondía a la de un niño. Parecía que alguien estuvo viviendo ahí. No había ninguna persona o niño. Encontraron una fotografía de un niño donde en sus ojos se podía ver tristeza y dolor. Regresaron a su cuarto. La pareja, tuvo curiosidad por la existencia de ese cuarto secundario que se unía con el de ellos.
Al día siguiente, luego de desayunar, escucharon unos ruidos extraños que provenian de las paredes. No tardaron en volver a ese pasillo oscuro, un lugar silencioso, donde se podían escuchar sus respiraciones agitadas, al poder encontrar algo del otro lado de la puerta. Abrieron despacio y finalmente encontraron a un niño, casi no podían ver nada, estaba demasiado oscuro, sin ventanas. Él estaba jugando con unos cubos de madera. Encontraron la perilla de la luz y la encendieron. El niño salió corriendo debajo de la cama para esconderse. Sofía se quedó con él y Fermín bajo a buscar a alguien del personal del hotel.
Fermín rápidamente bajo esas extensas escaleras y buscó a Jaime. Lo encontró en la puerta detrás de recepción, nuevamente leyendo libros de contaduría del hotel. Fermín le anuncia que encontraron a un niño en una habitación contigua a la suya. Sorprendido Jaime subió con él. Apaguen las luces y déjenlo solo. Sofía no se quedó tranquila. ¿Qué hace un niño solo encerrado en un cuarto sin luz? – ella preguntó. El niño es travieso y se escapa.
A Jaime no le quedó otra opción que contarles lo que sucedía. El niño es fotosensible, sufre de sensibilidad a la luz. No puede salir de ese espacio, es justo lo que el necesita. Él vivía junto con su madre. Ella falleció hace dos meses y Juan sigue siendo cuidado por su padre, el cual nunca les mencionó quien era.
Finalmente descubrieron que no era una fantasma o un espíritu que asechaba la habitación 310. Sino que era un niño travieso y aburrido y que de vez en cuando salía de su cuarto cuando era de noche y cuando las luces no abundaban. Iguale le gustaba asustar a la gente. La feliz pareja entendieron de su asunto con la luz y durante su estadía lo visitaban para jugar y cantar.

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